Download Etica Marica Paco Vidarte PDF

TitleEtica Marica Paco Vidarte
File Size875.5 KB
Total Pages38
Document Text Contents
Page 1

Proclamas libertarias para una militancia LGTBQ

Paco Vidarte

BARCELONA - MADRID

Page 2

Paco Vidarte
Paco Vidarte (Sevilla, 1970-2008). Doctor en filosofía por la Universidad de Comillas (Premio Extraordinario de Licenciatura) y Máster en teoría psi-coanalítica, actualmente es profesor titular en
la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Es especialista en filosofía contemporánea, y en particular, en la obra de Jacques Derrida, sobre el que ha publicado numerosos
libros, artículos, conferencias y traducciones. Es autor de (L'Harmattan, 2002), (Síntesis, 2005), en
colaboración con J. García-Caneiro (Tirant lo Blanc, 2002), (UNED, 2000), en colaboración con Cristina de Peretti (Ediciones del Orto, 1998) y

(Tirant lo Blanc, 2006). Desde 2003 es director del curso de enseñanza abierta de la UNED «Introducción a la Teoría Queer». En el ámbito de esta
teoría, ha publicado los libros y ambos con Ricardo Llamas (Espasa-Calpe, 1991 y 2001) y en colaboración
con Javier Sáez y David Córdoba (Egales, 2005). Fue el promotor de uno de los primeros encuentros queer del estado español, el curso de verano de la UNED en A Coruña «Género y
diferencia: estrategias para una crítica cultural» (2001) y ha impartido, asimismo, diversas conferencias donde aplica lecturas queer a las manifestaciones culturales (cine, internet,
psicoanálisis, etc.).

www.pacovidarte.org

Page 19

licencia especial, registrarse, ir atada y con bozal. Del chantaje al mordisco, del ladrido a la seducción, a la persuasión lastimera. Subyaciendo siempre
el parasitismo, el robo, el sacar lo más posible de nuestros amos en una dinámica de hurto, de pillar por sorpresa, un conflicto entre especies, una lucha
del mayor parásito de la sociedad heterosexista, un alien mariquita que pasa por ser el mejor amigo del hombre. Si ellos piensan que los queremos y si
se enamoran de su perro: ¡De eso se trata!, de recibir el menor número de patadas y el máximo de recompensa. Puede que haya más estrategias de
reivindicación y militancia. Pero ésta también es válida, lleva mucho tiempo sin ponerse en práctica y me parece una actitud irrenunciable que recoge
las aspiraciones, el modo de ser, la desesperación, la desconfianza, y el espíritu batallador de una buena parte del movimiento gay, ésa que siempre se
ha calificado de «alternativa»; pero tan alternativa es una política de negociación como una política perra. Pues que se vayan alternando.
Política perra. Parásitos como los perros. No les tenemos cariño. O sí. Según nos dé la gana. Política de niños chanta-jeadores, inasequibles para
cualquier supernanny que acabará fracasando, niños dados en custodia a las instituciones, niños raros, salvajemente indomables, no socializables. Con
lo que los quieren su madre y su padre. Casos especiales. Cuando están mostrando lo que es la regla general, develando la verdadera naturaleza del
asunto. Perros, bebés inteligentes, niños astutos: ojo avizor ante cualquier señal de debilidad en el adulto para lograr nuestros propósitos.
Completamente fuera de una lógica de retribución, cariño, afecto, confianza, fidelidad. Conseguir lo máximo sea como sea. La revolución no es una
cena entre amigos. Ni la negociación política tampoco. Sobre todo en una situación de subordinación, dominación, discriminación y opresión,
históricas, seculares y perfectamente actuales, cotidianas. La homofobia política está muy bien retratada en Y la estupidez de las maricas
en la explanada soltando palomas que acaban fritas por los rayos marcianos. Me parto el pecho cada vez que veo a los embajadores marcianos de
muy buenas maneras, hablando de paz y buen rollo para inmediatamente, acto seguido, sin que haya mediado nada, liarse a tiros con todo el mundo.
Ésa es la política. No monsergas iusnaturalistas, ni reglas de juego, ni valores intocables ni hostias. Tal vez este panfleto tenga algo en común con la
desesperada llamada del presidente de EE.UU. al presidente francés en esa misma película, para advertirle que saliera por patas de la habitación en la
que acababa de firmar un tratado de amistad con los marcianos. Tarde, escucha por teléfono cómo se lo cargan y vuela por los aires el Elíseo. Las
cosas no son así tampoco. A veces me pongo muy tremendista. La analogía es muy imperfecta. Ni los políticos homófobos son marcianos. Ni las
maricas somos seres humanos. La comparación no es posible.
Política perra. Algunos intelectuales llaman a esto «pragmática sucia». Esto es, agarrarse a lo que sea. No respetar ninguna regla. Pero yo no estoy
abogando por ninguna pragmática sucia. Sucio es el poder. Sucia es su pragmática. Sucia es su negociación. Sucia es su concesión de derechos
inalienables (entonces, ¿por qué no los temamos?) con cuentagotas. Sucia es su esperanza de que nosotros nos comportemos como señoritas y
caballeros en el juego de la política. La política perra no es sucia. Es perra. La política perra no es cínica. Sucios y cínicos ellos, que tienen el poder, que
se han inventado el juego de la negociación política. ¿A alguien se le ha ocurrido pensar por qué lesbianas y gays nos pasamos el día negociando,
reivindicando? ¿Acaso es que nos encanta jugar a reunirnos con los políticos? Jugamos a un juego que ellos se han inventado y que nos han obligado a
jugar. La negociación no forma parte de ninguna esencia translésbica. Las maricas y bollos negociadores son un producto de la homofobia institucional
que determina, arbitraria y unilateralmente, que todos los derechos y favores que se nos concedan estén precedidos de movilizaciones, negociaciones,
y sean culminados con fotos, agradecimientos y el cese de cualquier reivindicación hasta que el poder vuelva a declarar abierta otra negociación para
otorgarnos graciosamente lo que sea. Yo me niego a bailarles el agua. No, rotundamente. Se le acarician los oídos un poquito, se mueve el rabo un
minutillo. Y luego, a intentar robarles el chuletón del plato. A dentelladas con su hijito que nos tira de las orejas y se nos monta encima. No pasa nada por
segregar algún jugo dulce de vez en cuando para tenerlos contentos y que no acaben con nosotros, como los pulgones que cultivan las hormigas,
limpian, protegen, defienden y dejan proliferar sólo por las azucaradas gotitas que sueltan para evitar que se desencadene el desastre. Yo soy poco
dado a segregar estos néctares apaciguadores de bestias prestas a devorarme. Pero lo que sí me ocurre es que se me ponen todos los pelos de punta
cuando pienso que entre la homofobia institucional negociadora y nuestra supervivencia sólo media un terrón de azúcar.
Política perra. Entre el puro parasitismo y la simbiosis. Que cada cual elija. O las podemos ir alternando. Ahora toca simbiosis, ahora puro parasitismo.
Sabrán los perros lo que toca cada vez, los bebés cuándo tienen que llorar, los niños cuándo coger una rabieta interminable y dejar de llorar nada más
conseguir lo que pretendían. Es fácil. Y nosotros estamos ahí, en idéntica actitud de parasitaje sistémico del heterosexismo o en simbiosis, según corra
el aire, soltando gotitas de néctar azucarado o no dando nada a cambio. ¿A cambio de qué? Cuando el poder nos pide o espera de nuestra parte un
silencio reivindicativo, una lluvia de votos, un apoyo electoral, una simpatía ideológica... ¿o qué?, ¿qué nos van a hacer?, ¿cerrarán el grifo para
siempre?, ¿cuál es la segunda parte de este contrato-amenaza encubierto? Me da en la nariz que lo que esperan ahora de nosotras es que
permanezcamos fieles a su lado, les levantemos las presas, les rastreemos caza, unidos frente a otros enemigos levantiscos. Me sospecho que confían
en que, cuando mueran, vayamos en el cortejo fúnebre y nos acostemos sobre sus tumbas dejándonos morir de inanición del cariño, el agradecí-miento
y el sinvivir que supone vivir sin ellos, esperando que resuciten, ¿adonde se ha ido mi amo? Alguna marica perra se tumbará en silencio sobre su amo
muerto hasta perecer hecha un saco de pellejo y huesos: nefasto porvenir del movimiento gay y de los colectivos. Insolidaridad canina. Soy un perro,
pero parece que voy a hablar de un momento a otro. Soy más humano que perro. Estoy más del lado de mi dueño que de los otros perros. Alienación
marxista. Opio del perro.
Nos han tirado dos leyes al suelo desde el banquete del poder político y ahora andamos todavía relamiéndonos, mordisqueando sus leguleyos huesos,
nos las estamos terminando y ya tenemos los ojos puestos en qué mas habrá encima de la mesa porque ellos no paran de comer, a ver qué más cae.
Estábamos formando demasiado escándalo y no los dejábamos comer a gusto. Ahora estamos callados porque tenemos algo que entretiene nuestras
mandíbulas. Pero ya se está acabando y a mí me están entrando unas ganas enormes de ponerme a ladrar de nuevo. Esta vez mucho más fuerte. Si
moviendo el rabo, sacando la lengua, girando la cabeza a un lado, dando la patita nos han dado dos leyes..., lo mismo estallándoles los tímpanos,
enseñando los dientes, portándonos como perros, haciendo lo que también hacen los perros, sin renunciar a lo que somos, logramos conseguir algo
más de ellos: ¿el qué? Misterio. Hay que ponerlo en práctica. Lo mismo conseguimos resucitar su homofobia. Borrar de su cara su estúpida y fingida
sonrisa condescendiente. Conseguimos que se vayan de nuestras manifestaciones. Nos echan de sus partidos porque les resultamos incómodos. Nos
dan la bolilla. Nos abandonan en una gasolinera camino de Europa.

Page 20

CAPÍTULO V. Actuar sin pensar

La privatización del ano, se diría siguiendo al Antie-dipo, es un paso esencial para instaurar el poder de la cabeza (logo-ego-céntrico) sobre el cuerpo: «sólo el espíritu es capaz de
cagar».

Néstor Perlongher
LA ESTRATEGIA DEL AGUJERO NEGRO

Similer Documents