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GUSTAV HENN1NGSEN

EL ABOGADO
DE LAS BRUJAS

Ut "»>>

brujería vasca
^•Inquisición española

Alianza Editorial

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268 EL ABOGADO DE LAS BRUJAS

negas de Figueroa. Luego continuaron hasta Logroño, donde in-
formaron a los inquisidores de la misión realizada. Uno de los
franciscanos era fray Domingo de Sardo23, quien unos meses más
tarde acompañaría a Salazar en su viaje de visita.

Por lo que se refiere al viaje de los jesuitas, se conservan deta-
llados informes en las cartas que Solarte escribió a su provincial
de Valladolid y al obispo de Pamplona (DS docs. 3, 4, 9 y 10).
También los franciscanos redactaron informes; pero éstos, por
desgracia, no se han conservado. Sabemos, sin embargo, que el
obispo de Pamplona hizo uso de ellos en la elaboración de su
propio informe al inquisidor general, de 1 de abril de 1611 (DS
doc. 8). Seguramente, lo más importante del viaje de los francis-
canos queda referido en dicho informe, en el que se indica que
cubre sólo el período comprendido entre junio y diciembre; pese
a ello, se hace mención de sucesos ocurridos antes y después de las
fechas citadas.

Noticias sueltas nos informan de que los franciscanos predica-
ron con gran celo contra los brujos. En el transcurso de las confe-
siones, convencieron a muchos de sus penitentes para que se en-
tregasen a la Inquisición y declarasen ante ella. En cambio, el
jesuíta Solarte y sus acompañantes fueron volviéndose cada vez
más escépticos, ya que en las confesiones salió a relucir que mu-
chas personas habían declarado falsamente que eran brujas. Sin
duda, al tener conocimiento de la misión de los jesuitas, los in-
quisidores se alegraron de que no hubieran sido enviados más
predicadores de esta orden a la zona.

3. La caza de brujos del tribunal

Una vez que el Santo Oficio asumió la responsabilidad de comba-
tir la brujería, estableció también la realidad de la misma. Las
pruebas habían sido expuestas en el auto de fe, de modo que el

23 Lib 795, fol. 153r. Otro de los franciscanos era fray Cigarroa; cf. Tomo «F» del libro de
visita de Salazar, fol. 549v.

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LA GRAN PERSECUCIÓN 269

pueblo consideraba llegada la hora de atacar el mal por todos los
lados. Los lugares azotados vilmente por la plaga, que habían es-
perado con tanta paciencia, podían recomenzar ya la lucha, y los
comisarios inquisitoriales y otras almas celosas rastrearían aquellos
pueblos en donde aún no se había descubierto nada. El tribunal
debería enviar de nuevo a un inquisidor a visitar el área infectada
y hacer las pesquisas necesarias en el escenario mismo de los he-
chos. Sin embargo, el tiempo pasaba y nadie hacía nada, por lo
que el pueblo empezó a impacientarse.

Algunos días después de Año Nuevo el comisario de inquisi-
ción Hualde escribió desde Vera que ya había tenido que encerrar
tres veces a los padres de los niños embrujados para impedir que
asesinasen a los brujos, y en tono de reproche añadía:

Temo que en la primera ocasión que se les ofrezca haya novedades
sobre ello. Porque están muy enconados, ni esperan se ha de hacer
justicia. Pues ha tanto que se hizo el auto y pensaban (como yo les
decía y animaba) que hecho él, saldría Vuestra Señoría [Valle]. Y con
la dilación de la salida todos se han enfriado y enmudecido24.

En otros sitios, las autoridades civiles perdieron la paciencia y de-
cidieron actuar por cuenta propia. La dinamita, elaborada por los
inquisidores, había sido repartida por predicadores y agitadores y
ahora empezaba a producir explosiones de tal magnitud que el
tribunal perdió el control de la situación. Tres meses después del
auto de fe, ardía toda aquella parte de los Pirineos. Desde Vera
hasta Santesteban, atravesando el valle de Baztán y llegando hasta
Zugarramurdi, apenas si había un pueblo en el que no se encon-
trasen niños «embrujados», los cuales eran llevados todas las no-
ches al aquelarre, y luego señalaban a tales o cuales personas a
quienes habían visto en el mismo25.

En su informe al inquisidor general, el obispo de Pamplona re-
fiere cómo todos los sospechosos de brujería corrían el peligro de

24 Leg 1679, exp. 2, 1.°, núm. 27, fol. Ir (Hualde/T. 10-1-1611).
25 Informe del obispo, fols. 6v-8v; AGN, Proceso 506, passim; ibid., Proceso 5257, passim.

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ÍNDICE ONOMÁSTICO 535

422-426, 434, 440-441, 443,

445.446, 463-464,475

Varesio, Juan Bautista, impresor,

294

Vega y Carpió, Lope de, 34, 447

Venegas de Figueroa, Antonio,

obispo de Pamplona, 33, 75,

185-187, 189, 192, 199,259,

280, 282, 289-290, 300, 410,

444, 452

Venero, Pedro de, prior dominico,

250

Villacre, Antonio de, fray, provin-

cial de los franciscanos, 253

Vizcar, Martín de, LB 20, 209,

212-213, 228, 468

Weyer, Johan, 451

Williams, Charles, 448

Xarra, Graciana, hospitalera, LB 14,

248, 320, 467

Ximénez de Oco, juez, 176-177

Ximildegui, María de, bruja fran-

cesa, 52-54, 164, 237, 476

Yerro, Juan del, portero del

tribunal, 170

Yriarte, Estevanía de, LB 7, 49, 57,

59-60,94, 105, 108, 114, 119,

140, 207, 466

Yriarte, Juanes de, pastor, casado

con LB 5, 465

Yriarte, María de, LB 6, 49, 59, 94,

105, 107-108, 114-117, 119,

127, 208-209, 228, 465

Yriarte, Mariana de, bruja francesa,

180

Yribarren, Juanes de, herrero, LB

31,213-215,256,401,416,

422-423

Yricia, vaquero, brujo de Aranaz, 271

Yrigoyen, Tomás de, párroco de Zu-

bieta, 359-360

Yrisarri, Martín de, párroco de

Yanci, 190, 201, 277-278, 282,

285, 316, 327

Yrisarri, Miguel de, deán de Santes-

teban y comisario, 265-266,

304-305

Yrurita, Catalina de, LB 517, 308,

504

Yrurita, Juana de, LB 515, 359, 504

Yturría, María de, LB 119, 188,

197-198, 462

Zabaleta, Felipe de, fray, párroco de

Zugarramurdi, 55, 170

Zalba, dr., visitador del obispado de

Pamplona, 200

Zapata Osorio, Juan de, consejero

de la Inquisición, 415-416, 421,

432

Zapata y Mendoza, Antonio,

inquisidor general, 447

Ziarnko,Jan, 91, 118, 120, 125,

131, 133, 138

Zorrilla, Juan de, secretario, 375

Zozaya y Arramendi, María de, LB

27, 175-176,206,209,215-

219, 222-224, 226, 238-239,

252, 255, 257, 469

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resto de Europa
pudieran levantarse
de las cenizas de las

hogueras, declararían
como las de España:

fuimos inocentes.»

mil acusados y casi cinco mil sospechosos, es
uno de los más copiosos que se han conocido
hasta ahora. En España, los acontecimientos
provocaron un giro decisivo en la historia de la
persecución de brujas. Si dicho proceso llama
hoy la atención de los investigadores internacio-
nales se debe al sensacional análisis de las cau-
sas y mecanismos de la persecución, realizado
por uno de los jueces directamente involucra-
dos, el inquisidor Alonso de Salazar Frías. A tra-
vés de los informes e interrogatorios que se han
conservado de aquel «defensor de las brujas»,
como lo llamaban sus contrincantes, por prime-
ra vez en la Historia los «brujos» y las «brujas»
toman libremente la palabra. Sin forzamiento ni
tortura, nos cuentan ahora los detalles que tan
minuciosamente fueron omitidos en las actas
procesales de Francia, Alemania, Dinamarca, et-
cétera. Mientras los jueces franceses, alemanes
o daneses nutrían el fuego de sus hogueras con
interminables filas de ¡nocentes, las «brujas» es-
pañolas fueron sentenciadas a penas leves.

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