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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 242 JÁMBLICO

SOBRE LOS MISTERIOS
EGIPCIOS

INTRODUCCIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE

ENRIQUE ÁNGEL RAMOS JURADO

EDITORIAL GREDOS

Page 2

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GuA L.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido
revisada por SILVIA LAMATA MEANA.

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1997.

Depósito Legal: M. 20753-1997.

ISBN 84-249-1870-3.

Impreso en España. Printed in Spain.
Gráficas Cóndor, S. A.
Esteban Terradas, 12. Polígono Industrial. Leganés (Madrid), 1997.

INTRODUCCIÓN

l. La obra: el problema del título, autoría, cronología y su
contexto histórico y filosófico

La obra que conocemos impropiamente, como veremos,
bajo el título de Sobre los misterios egipcios es una obra
clave en el ámbito del pensamiento antiguo de época impe-
rial sobre la que se ciernen no pocos interrogantes. En
efecto, el primero de ellos, es el del título. ¿Sobre los miste-
rios egipcios es el título apropiado para la obra? No. El au-
téntico título es Respuesta del maestro Abamón a la Carta
de Porfirio a Anebo y soluciones a las dificultades que ella
plantea 1, de acuerdo con el Vallice/lanus F 20, datable ha-
cia 1460, y Marcianus graecus 244, anterior a 1458. El ina-
decuado título procede de 1497, cuando aparece en Venecia
una paráfrasis de la obra con el título De Mysteriis Aegyp-
tiorum, Chaldeorum, Assyriorum 2 a cargo de Marsilio Fici-

1 Cf. M. SICHERL, Die Handschriften, Ausgaben und Übersetzungen
von Jamblichos De mysteriis. Eine kritisch-historische Studie, Berlín,
1957' pág. 166.

2 Cf. R. MARCEL, Marsile Ficin. París, 1958, págs. 487-495; M. SI-
CHERL, «Druckmanuskripte der Platoniker-Uebersetzungen Marsilo Fici-
nos>>, Italia medioevale e umanistica 20 (1977), 323-329.

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118 SOBRE LOS MISTERIOS EGIPCIOS

nifiestas así 103 : <<Unos adivinan tras haber bebido agua, co-
mo el sacerdote de Apolo Clario en Colofón, otros sentados
en bocas abismales, como las que profetizan en Delfos,
otros aspirando vapores de agua, como las profetisas de los
Bránquidas 104». Has hecho mención a estos tres célebres
oráculos, no porque sean los únicos en este caso, pues mu-
chos más eran los omitidos por ti, sino porque éstos sobre-
salían sobre los demás y a la vez enseñabas suficientemente
sobre lo que se estaba tratando, me refiero al modo de la
adivinación enviada por los dioses a los hombres, por esta
razón te diste por contento con estos ejemplos. Nosotros,
pues, también hablaremos de estos tres oráculos, pasando
por alto la mayoría de los oráculos.

El oráculo de Colofón 105 todo el mundo reconoce que
profetiza por medio del agua. Hay, en efecto, una fuente en
un habitáculo subterráneo y de ella la profetisa bebe en unas
noches detenninadas, tras haber realizado antes muchas ce-
remonias sagradas, y, tras beber, profetiza sin ser ya visible
para los espectadores presentes. Que este agua es profética,
es evidente por sí, pero cómo lo es, ya no podría saberlo
cualquier hombre 106, pues un pneuma profético parece atra-
vesar el agua, aunque la verdad no es así. En efecto, lo divi-
no no se propaga de una fonna tan desunida y parcial en lo
que participa de él, sino que haciéndolo desde fuera e ilu-
minando la fuente, la llena por sí de su poder profético; sin
embargo la inspiración que el agua procura no es toda del

103 Carta a Aneba 11 2d SoDA NO.
104 Descendientes de Branco, favorito de Apolo, encargados de ese orá-

culo en territorio de Mileto y muy popular en la Antigüedad tardía. Cf. PAu-
SANIAs, I I6, 3; IX 10, 2.

105 Cf. TÁCITO, Anales II 54, 3; PuNIO, Historia Natural II 106, 232;
PAUSANIAS, VII 3, I; VII 5, 3; IX I2, 5.

106 Epinomis 978a l.

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LIBRO III 119

dios, sino que ella provoca sólo la aptitud y purificación del
pneuma luminoso que hay en nosotros, por la que somos
capaces de recibir al dios. Otra es la presencia del dios, an-
terior a ésta y resplandeciente desde lo alto; ella no se man-
tiene a distancia de ninguno de aquellos que, por su afini-
dad, tienen contacto con ella, sino que asiste de inmediato y
se sirve como de un instrumento del profeta, el cual no es
dueño de sí ni es consciente en absoluto de lo que dice ni
del lugar donde se encuentra, de forma que incluso, tras la
profecía, a duras penas entra en posesión de sí. Y, antes de
beber, ella ayuna un día y una noche entera, se retira en
santuarios inaccesibles a la multitud al inicio de la posesión
por el dios, y mediante el alejamiento y separación de los
asuntos humanos se vuelve inmaculada para recibir al dios.
Consecuentemente posee la inspiración del dios que ilumina
la sede pura de su alma, y a ella el dios le procura una po-
sesión incoercible y una presencia perfecta sin obstáculos.

La profetisa de Delfos 107, sea que el dios dé sus oráculos
a los hombres gracias a un pneuma sutil e ígneo, que sale
por la abertura, sea que dé profecías sentada en el santuario
sobre un asiento broncíneo de tres pies o sobre un asiento de
cuatro pies, el cual está consagrado al dios, de todas las ma-
neras se ofrece ella al espíritu divino y es iluminada por el
rayo del fuego divino. Y cuando el fuego, que asciende den-
so y abundante de la abertura, la envuelve por todas partes,
ella es colmada por él de luz divina; cuando ella está insta-
lada en la sede del dios, ella entra en annonía con el estable
poder mántico del dios; a consecuencia de estas dos predis-
posiciones ella llega a ser toda entera del dios. Entonces el
dios se le hace presente, iluminándola separadamente, sien-

107 Cf. CICERÓN, Sobre la adivinación 1 38, 79; IJ 117; EsTRABÓN, IX
3, 5; )USTINO, XXIV 6, 9.

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120 SOBRE LOS MISTERIOS EGIPCIOS

do distinto del fuego, del pneuma, de la sede particular y de
toda la disposición natural y sagrada que se ve en el lugar.

Y bien, la sacerdotisa de los Bránquidas, sea que se lle-
ne de luz divina con una vara que originariamente fue trans-
mitida por un dios, sea que prediga el futuro sentada en un
eje, sea que reciba al dios mojando con agua sus pies o la
orla del vestido o aspirando vapores de agua, a partir de to-
dos estos preparativos, convertida en apta para la recepción
desde el exterior, participa del dios.

Lo evidencia también la multitud de sacrificios, el rito de
toda la ceremonia y todo cuanto se realiza de fonna conve-
niente al dios antes del oráculo: los baños de la profetisa, el
ayuno de tres días enteros, su estancia en las partes más sa-
gradas del templo, cuando ella es poseída ya por la luz y go-
za largo tiempo; pues todo esto demuestra el llamamiento al
dios como para que se presente y su venida del exterior, una
inspiración admirable antes incluso de su llegada al lugar
acostumbrado; y, en el pneuma mismo que sale de la fuente,
ello revela otro dios más venerable, separado del lugar, la
causa tanto del lugar como de la fuente y de la mántica toda.

12 Evidentemente, pues, la adivinación oracular concuerda
con todos los principios que hemos expresado anterionnente
sobre la mántica. En efecto, si tal poder no estuviera sepa-
rado de la naturaleza de los lugares y de los cuerpos que les
sirven de base, o si procediera según el movimiento deter-
minado por el número, no puede conocer con antelación lo
que en todas partes y siempre es de manera idéntica; pero si
es libre, no ligado a los lugares y a los tiempos medidos por
los números (en tanto superiores a lo que acaece en el tiem-
po y está contenido por el lugar), está presente igualmente
en lo que existe en todas partes y coexiste en todo tiempo
con lo que se produce en el tiempo y comprende en la uni-
dad la verdad de todo por su substancia separada y eminente.

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LIBRO III 121

Si nos hemos expresado correctamente, el poder mánti-
co de los dioses no está circunscrito parcialmente por nin-
gún lugar, por ningún cuerpo humano particular, ni por un
alma retenida en una sola especie de seres parciales, sino,
siendo separado e indivisible, está presente todo entero en
todas partes a disposición de quienes puedan participar de
él, ilumina desde fuera y llena todo, penetra todos los ele-
mentos, se apodera de la tierra, el aire, el fuego y el agua, y
no deja sin participar de él a ningún viviente ni ser goberna-
do por la naturaleza, sino que da parte de su presciencia, a
unos más y a otros menos; él, sin embargo, que preexiste a to-
dos los seres, es capaz, por su carácter separado, de llenar
todo, en la medida en que cada uno pueda participar de él.

Pues bien, veamos a partir de este momento otra clase 13
de adivinación, privada y no pública, de la que dices lo si-

. 11 ' . b 1 t 108 gmente: «aque os que estan en pie so re os carac eres co-
mo los que están llenos de espíritus que entran en ellos» 109

Esta clase no es fácil de comprender con un solo razona-
miento a causa de los que han hecho mal uso de ella: lo que
está al alcance de todos y es mala práctica habitual en la
mayoría de los hombres, que se sirve de la mentira y el en-
gaño insoportable, no comporta en absoluto la presencia de
un dios, produce un movimiento del alma contrario a los
dioses, y de ellos extrae una aparición oscura y no real, la
cual, por su nulo poder, acostumbra en ocasiones a ser tur-
bada por pneumas demónicos malos. Por el contrario, la
aparición que consiguen realmente los dioses, por lo demás
clara y pura, inmutable, verdadera, es inaccesible a los pneu-

108 En este caso el médium entraba en trance teniendo sus pies sobre
figuras y signos místico-simbólicos trazados en el suelo. Cf. Papiros Grie-
gos de Magia IV 2705-2706; VIl 196, 206, 390, 846-860; EusEBIO, Pre-
paración Evangélica V 15, l.

109 Carta a Anebo 11 2e SanANO.

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ÍNDICE GENERAL

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1, Págs.

INTRODUCCIÓN. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7

l. La obra: el problema del título, autoría, crono-
logía y su contexto histórico y filosófico . . . . 7

2. Jámblico de Calcis: vida y obras. . . . . . . . . . . 15
3. Ocasión y contenido de «Sobre los misterios ,

egipcios». . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
4. Género, estilo y método . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
5. Paralelos y foentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
6. Influencia de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
7. Transmisión del texto, ediciones y traduccio-

nes. Nuestra traducción . . . . . . . . . . . . . . . . 31

BIBLIOGRAFÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33

ESCOLIO PRELIMINAR . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
LIBROI.................................. 41
LIBRO 11 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83
LIBRO III . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
LIBRO IV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153
LIBRO V . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165

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236 SOBRE LOS MISTERIOS EGIPCIOS

Págs.

LIBRO VI . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
LIBRO VII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195
LIBRO VIII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203
LIBRO IX . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 213
LIBRO X. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223
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INDJCE DE NOMBRES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229
'
lNDICE DE MATERIAS. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 231

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