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TitleLas Preguntas de Jesús - Fernando Montes
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                            Créditos
Título
Índice
Presentación
Prólogo
PRIMERA PARTE Las preguntas de Jesús
	I. ¿Por qué me buscaban? ¿No saben que debo ocuparme de las cosas de mi Padre? (Lucas 2, 49)
	II. ¿Me amas? (Juan 21, 17)
	III. ¿Qué buscáis? (Juan 1, 38)
	IV. ¿Quién me tocó? (Lucas 8, 45
	V. ¿Ves a esta mujer? (Lucas 7, 40)
	VI. ¿Qué quieres que haga por ti? (Lucas 18, 41)
	VII. ¿Quieres sanarte? (Juan 5, 6)
	VIII. ¿Con qué compararemos el Reino de los Cielos? (Lucas 13, 18)
	IX. ¿Quién dice la gente que soy yo? (Marcos 8, 28)
	X. ¿Quién dicen ustedes que soy yo? (Mateo 16, 15)
	XI. ¿Y tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? (Juan 3, 10)
	XII. ¿Por qué has dudado? (Mateo 14, 31)
	XIII. ¿De qué discutíais? (Marcos 9, 33)
	XIV. ¿Cuántos panes tenéis? (Marcos 6, 38 y 8, 5)
	XV. ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? (Mateo 12, 48)
	XVI. ¿Dónde están los otros nueve? (Lucas 17, 11-19)
	XVII. ¿Por qué me llamas bueno? (Marcos 10, 17) ¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? (Mateo 19, 17)
	XVIII. ¿Si la sal pierde su sabor, con qué se la salará? (Mateo 5, 13)
	XIX. ¿Quién se hizo prójimo del herido? (Lucas 10, 36)
	XX. ¿Creen que he venido a traer paz a la Tierra? (Lucas 12, 51)
	XXI. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé? (Mateo 20, 22)
	XXII. ¿Cómo podéis creer vosotros que buscáis la gloria en los otros y que no buscáis la gloria que viene de Dios? (Juan 5, 44)
	XXIII. ¿Por qué esta generación pide un signo? (Marcos 8, 12)
	XXIV. ¿No deja las noventa y nueve ovejas en el campo y va a buscar a la extraviada hasta encontrarla? (Lucas 15, 4)
	XXV. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si él mismo se pierde? (Mateo 16, 26)
	XXVI. Lo que has preparado, ¿para quién será? (Lucas 12, 20)
	XXVII. ¿No han leído lo que hizo David cuando tuvo hambre? (Marcos 2, 23)
	XXVIII. ¿Por qué no juzgan ustedes mismos? (Lucas 12, 55)
	XXIX. ¿Por qué ustedes quebrantan el precepto de Dios en nombre de la tradición? (Mateo 15, 3)
	XXX. ¿Por qué te fijas en la pelusa que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que está en el tuyo? (Lucas 6, 41)
	XXXI. ¿También ustedes siguen sin entender? (Mateo 15, 16)
	XXXII. ¿Ustedes también quieren irse? (Juan 6, 67)
	XXXIII. ¿Conque darás la vida por mí? (Juan 13, 36)
	XXXIV. ¿No habéis podido velar una hora conmigo? (Mateo 26, 40)
	XXXV. ¿Por qué me preguntas a mí? (Juan 18, 21)
	XXXVI. ¿Por qué me pegas? (Juan 18, 23)
	XXXVII. ¿Lo dices por ti mismo o te lo han dicho otros de mí? (Juan 18, 34)
	XXXVIII. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mateo 27, 46)
	XXXIX. Mujer, ¿por qué lloras? (Juan 20, 15)
SEGUNDA PARTE Las preguntas del Evangelio
	I. ¿Y tú vienes a mí? (Juan Bautista a Jesús. Mateo 3, 14)
	II. ¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro? (Discípulos de Juan Bautista a Jesús. Mateo 11, 3)
	III. ¿Tú quién eres? ¿Dónde está tu Padre? (Fariseos a Jesús. Juan 8, 25 y 8, 19)
	IV. Maestro, ¿dónde vives? (Discípulos a Jesús (Juan 1, 38)
	V. ¿Por qué nos has hecho esto? (María a Jesús. Lucas 2, 48)
	VI. ¿Quién será este de quien oigo contar tantas cosas? (Pregunta que se hace Herodes. Lucas 9, 9)
	VII. ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? (Preguntan unos magos que venían de Oriente. Mateo 2, 2)
	VIII. ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Natanael a Felipe. Juan 1, 46)
	IX. ¿No es el hijo del carpintero? (La gente de la Sinagoga de Nazaret. Mateo 13, 54)
	X. ¿Cómo sabe este letras sin haber estudiado? (Pregunta que se hacían los judíos en Jerusalén. Juan 7, 15)
	XI. ¿También ustedes se han dejado engañar? (Pregunta de los sacerdotes y fariseos a los guardias. Juan 7, 47)
	XII. ¿Cómo tú siendo judío me pides a mí de beber que soy samaritana? (Una mujer de Samaria junto al Pozo de Jacob. Juan 4, 9)
	XIII. ¿Qué más me falta? (Pregunta de un joven rico a Jesús. Mateo 19, 20)
	XIV. ¿Cómo es que su maestro come con publicanos y pecadores? (Pregunta de los fariseos a los discípulos. Mateo 9, 11)
	XV. ¿Quién quiere matarte? (Pregunta de la gente a Jesús. Juan 7, 20)
	XVI. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de la Pascua? (Los apóstoles a Jesús. Mateo 26, 17)
	XVII. ¿Acaso seré yo? (Los discípulos a Jesús. Mateo 26, 22)
	XVIII. ¿Cuánto me quieren dar y yo os lo entregaré? (Judas a los jefes de los sacerdotes. Mateo 26, 15)
	XIX. ¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? (El buen ladrón a su compañero. Lucas 23, 40)
                        
Document Text Contents
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Las preguntas de Jesús

Fernando Montes S.J.

Ediciones Universidad Alberto Hurtado

Alameda 1869 – Santiago de Chile

[email protected] – 56-228897726

www.uahurtado.cl

ISBN libro impreso: 978-956-357-048-9

ISBN libro digital: 978-956-357-049-6

Registro de propiedad intelectual Nº 257603

Dirección editorial

Alejandra Stevenson Valdés

Editora ejecutiva

Beatriz García-Huidobro

Diseño de la colección y diagramación interior

Francisca Toral

Imagen de portada: Latinstock
Con las debidas licencias. Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda
rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de
esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así
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XXVIII

(Lucas 12, 55)

El Capítulo 12 de san Lucas está lleno de importantes enseñanzas para la formación
moral. Esa enseñanza termina con la pregunta que nos ocupa y que es una llamado a la
responsabilidad ética personal.

Al comenzar el capítulo, Jesús no acepta constituirse en juez o árbitro que decide en
una disputa por herencias (12, 14). El juez es el que dirime y el que tiene la última
palabra en una disputa entre dos personas. El juez dispone de la fuerza para imponer la
ley. En cierta manera, les arrebata a los querellantes la última palabra y asume la
responsabilidad por la justicia.

La respuesta de Jesús es muy significativa para entender el camino al que Él recurre
para formar conciencias libres. Él no quiere tomar la decisión, sino ayudar a los actores a
formar sus criterios para que puedan discernir y juzgar. En lugar de dictaminar cómo se
distribuyen los bienes de la herencia expone ideales morales para que quienes están
implicados en un caso sean adultos y capaces de tomar la decisión correcta y éticamente
justa.

Es muy interesante que pocas líneas después (Lucas 12, 56), Él les dice a sus
discípulos que así como saben interpretar los signos de la Tierra y del cielo y pueden
prever cuándo vendrá la lluvia, deberían poder interpretar la realidad para orientar su
acción. Su pregunta es clara: ¿Por qué no saben interpretar el tiempo presente?

Siguiendo esta doctrina, el Concilio Vaticano II fue insistente en invitar a discernir los
signos de los tiempos, a escuchar la voz de Dios en los acontecimientos. Ese
discernimiento debería guiar el actuar cristiano.

Esta enseñanza es particularmente importante cuando hemos tomado conciencia de
que nadie puede arrebatar a las personas su obligación de actuar en conciencia. La
teología tradicional afirmaba que la última norma, el último juez de la moralidad es la
conciencia propia y, sin embargo, se fue introduciendo una práctica según la cual
confesores y directores espirituales podían finalmente decidir e imponer una acción a las
personas. El mismo magisterio encargado de iluminar e interpretar la revelación para que

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