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III

TRANSFORMACIONES
AGRARIAS Y LUCHAS

CAMPESINAS EN COLOMBIA:
UN BALANCE RETROSPECTIVO

León Zamosc
Universidad de California, San Diego

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que el proceso implicó una redefinición de la estructura de
clases en el campo colombiano. Por un lado, la fisonomía del
sector campesino se alteró al desaparecer los grupos que esta-
ban sujetos a relaciones serviles y al aumentar la diferencia-
ción derivada de la mayor incorporación mercantil. En la
actualidad, el campesinado se compone de estratos acomoda-
dos de tipo "farmer", comunidades nuevas en zonas de coloni-
zación, viejas economías regionales que se reproducen a dis-
tintos niveles de solvencia o pobreza según sus posibilidades
productivas, y amplias capas que se vinculan al mercado de
trabajo asalariado. Por otro lado, la expansión de la agricultura
capitalista trajo la formación de un proletariado muy heterogé-
neo que ahora incluye no sólamente a los peones tradicionales
y a los grandes contingentes de migrantes campesinos, sino
también a nuevos sectores de trabajadores que residen de
manera permanente en las barriadas urbanas y, en menor
medida, en las plantaciones mismas. Al mismo tiempo, los
latifundistas de antaño fueron relevados por nuevas generacio-
nes de propietarios con mentalidad modernizante; empresarios
que arriendan la tierra para producir por temporadas, profesio-
nales y comerciantes que adquieren fincas para diuersificarse
y, últimamente, mafiosos que reinvierten en el campo las utili-
dades del narcotráfico 54.

La complejidad de la escena rural contemporánea se hace
aún más patente si al inventario de agentes socioeconómicos
agregamos los viejos y nuevos protagonistas de carácter insti-
tucional, gremial y político. Uno de los propósitos de la
segunda mitad de nuestro ensayo es justamente el de analizar
las interacciones políticas entre el campesinado y los otros
actores principales. Por ahora, cerraremos esta sección antici-
pando un breve comentario sobre el protagonismo estatal y su
incidencia sobre el modelo de desarrollo agrario que a la
larga se impuso en Colombia. Bajo el Frente Nacional, las

^ En lo que se refiere a otras actividades relacionadas con la agricultura,
también hay que mencionar el mayor peso de los sectores vinculados a los
servicios, al transporte, al comercio y a las empresas industriales y financie-
ras que se enganchan hacia arriba y hacia abajo en el eslabonamiento agroin-
dustrial.

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políticas agrarias del estado oscilaron al vaivén de los cam-
bios en el modelo de acumulación capitalista, los matices pro-
gramáticos de las diferentes administraciones, y las vicisitu-
des de los conflictos que se iban presentando en el campo 55
El curso inicial fue zigzagueante: esfuerzos para apoyar el
surgimiento de la agricultura capitalista moderna hasta 1966,
intentos de estimular al campesinado para aplicar una reforma
agraria en las regiones latifundistas entre 1966 y 1970, y polí-
ticas radicales de contrarreforma y apoyo irrestricto al capita-
lismo agrario entre 1970 y 1974. Finalmente, desde mediados
de los años setenta y hasta el presente, la política agraria del
estado se estabilizó en torno a fórmulas que siguieron favore-
ciendo a la agricultura capitalista y, al mismo tiempo, trataron
de reforzar a la economía campesina con esquemas asisten-
ciales y programas de desarrollo rural integrado. Como resul-
tado acumulativo de todo este proceso, el Estado fue asu-
miendo una presencia importante en el campo. Proliferaron
los proyectos, se conformó una red de institutos descentrali-
zados y entidades semioficiales, aumentaron las inversiones
públicas en servicios y obras de infraestructura y, más recien-
temente, también se asignaron recursos para la rehabilitación
de regiones afectadas por la violencia política. Mirando hacia
atrás, no cabe duda de que la mayor presencia del Estado es
uno de los rasgos mas salientes del nuevo rostro del agro.
También es indudable que este factor tuvo incidencia en el
desempeño exitoso del^ sector agropecuario. Sin embargo,
desde el punto de vista de la estructura agraria, la mayor pre-
sencia estatal no produjo modificaciones substantivas. A1 des-
cartar la redistribución de la propiedad de la tierra y al privi-
legiar al capitalismo agrario dentro de sus políticas dualistas,
la acción del Estado no hizo sino reforzar las tendencias que
iban moldeáñdo la pauta bimodal de evolución que hoy pre-
valece en el campo colombiano.

55 Lo que se presenta a continuación es un breve resumen de las políticas
agrarias del Frente Nacional. Para mas detalle véase L. Zamosc, La Cuestión
Agraria y el Movimiento Campesino en Colombia, Ginebra, 1987, pp. 78-88,
169-173, 219-226; y A. Machado, El Problema Agrario en Colombia y sus
Soluciones, Bogotá, 1981, pp. 7-26.

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res. Pero tal vez no sea un retroceso si miramos el asunto desde
la perspectiva de los campesinos, cuyas orientaciones ideológi-
cas frente al capitalismo van variando con el proceso histórico.
Casi todas las teorías sobre la movilización campesina se cons-
truyeron sobre el referente empírico de los impactos capitalistas
iniciales sobre universos agrarios tradicionales 99. A1 enfatizar
las orientaciones reactivas anticapitalistas de los campesinos,
estas teorías pueden ^ ser efectivas para explicar muchas de las
movilizaciones del pasado, pero resultan claramente anacróni-
cas cuando se las aplica a la mayoría de las luchas contemporá-
neas. En las sociedades en las cuales el capitalismo ya se ha
consolidado, las orientaciones campesinas reflejan elementos
que, por referencia a los debates teóricos actuales, podríamos
encuadrar dentro del síndrome de la postmodernidad. Por el
lado de la negación se percibe el rechazo, no solamente de las
metanarrativas que plantean la inevitabilidad de la desaparición
de los campesinos bajo el capitalismo, sino también de las prác-
ticas socioeconómicas y los proyectos políticos que pretenden
convertir esas metanarrativas en hechos cumplidos. Por el lado
de la afirmación lo principal es el reconocimiento de las realida-
des históricas impuestas por la modernización capitalista y,
desde esa perspectiva, la reivindicación de un pluralismo econó-
mico y político que haga posible la continuidad de la pequeña
producción mercantil y de los valores sociales y culturales aso-
ciados con esa forma de producción10°.

^ Véase B. Moore, Social Origins of Dictatorship and Democracy: Lord and
Peasant en the Making of the Modern Worlc^ Boston, 1967; E.R. Wolf, Peasant
Wars of the Twentieth Century, New York, 1969; y J.C. Scott, The Moral Economy
of the Peasant: Rebellion and Subsistence en Southeast Asia, New Haven, 1976.

'0° Son muy variados los significados que se debaten en torno al concepto
de postmodemidad. La pérdida de credibilidad de las metanatrativas (las con-
cepciones teleológicas de la historia) y la apropiación y redefinición del dis-
curso de la modernidad (lo que algunos autores llaman la política de la "repre-
sentación" o del "simulacro") son los dos elementos que nos parecen más
sugestivos paza iluminaz las orientaciones de las luchas populazes contempo-
ráneas en América Latina. Sobre el primero de estos elementos véase J.F.
Lyotazd, The Postmodern Condition: a Report on Knowledge, Minneapolis,
1984. Sobre el segundo véase A. Ross, "Introduction", en A. Ross (ed.), Uni-
versal Abandon? The Politics of Postmodernism, Minneapolis, 1988; S. Aro-
nowitz, "Postmodemism and Politics", en A. Ross (ed.), Universal Abandon?

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Para enriquecer la teoría, hay que abandonar la noción de
que las orientaciones reactivas que los campesinos hayan podi-
do exhibir bajo el impacto inicial del capitalismo son una carac-
terística permanente de su participación política. Si se pretende
entender las luchas campesinas contemporáneas la premisa teó-
rica fundamental debe ser la idea de que, con la consolidación
del capitalismo, el campesinado evoluciona como sujeto social
cuyas aspiraciones se orientan no solamente hacia la defensa y
promoción de la economía campesina libre, sino también hacia
la conquista y el ejercicio de los derechos políticos que deberían
venir asociados con el status ciudadano en la nueva sociedad.
Desde esta perspectiva no es difícil ver que dentro del contraste
entre los dos ciclos de luchas agrarias colombianas hay una con-
tinuidad fundamental: la actitud, tan típica del campesinado, de
realismo político. Cuando los campesinos pesaban más en la
población, se disolvían las relaciones de producción tradiciona-
les, se avizoraba el despegue del capitalismo agrario, y había
surgido un movimiento unificado que contaba con aliados, lo
más realista era asumir un talante radical y apostarlo todo en la
lucha por la tierra. Después de la derrota, cuando las condicio-
nes cambiaron y se hizo cada vez más evidente que se imponía
el patrón bimodal de desarrollo agrario, lo más realista paso a
ser la defensa de la economía campesina y, como parte de eso,
la búsqueda de participación y representación dentro del Estado.
Este continuará siendo, seguramente, el sentido principal de las
luchas de los campesinos colombianos en el futuro próximo.

The Politics of Postmodernism, Minneapolis, 1988; y L. Hutcheon, The Poli-
tics of Postmodernism, London, 1989.

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