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TagsPoverty Poverty & Homelessness Economic Growth Social Inequality Class & Inequality
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                            DESARROLLO RURAL: enfoques y métodos alternativo
Orlando Plaza
	
		Equidad y Desarrollo: aspectos conceptuales
			Pobreza y desarrollo en los años setentas
			Pobreza y ajuste
			Pobreza y redescubrimiento del desarrollo
                        
Document Text Contents
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La desigualdad, o diferencias sociales para algunos autores, ha sido objeto de

definiciones y mediciones cuantitativas, mediante procedimientos que buscaban ubicar a

personas o grupos dentro de escalas organizadas de mayor a menor con respecto de

determinados atributos o dimensiones, siendo los más usados los criterios de clase,

status y poder, propuestos por Max Weber.



En la teoría del desarrollo se privilegió inicialmente la medición de la desigualdad a partir

de la distribución de ingresos, y por contrapartida se tomó como medida de avance el

crecimiento del PIB.



La desigualdad social constituyó un punto central en la reflexión de las modernas ciencias

sociales con respecto a sus causas, funcionalidad, valoración y medición. Esta reflexión

estuvo marcada por la transición de la sociedad feudal a la sociedad capitalista, que

modificó las bases económicas y políticas de la desigualdad social y las maneras

culturales de valorarla.



Lo anterior permitió aceptar que las condiciones de la desigualdad, sus grados de rigidez

y flexibilidad y las justificaciones ideológico-culturales son hechos históricos; es decir,

producidos por los miembros de la sociedad y susceptibles de modificación. Además,

relacionó la teoría de la desigualdad con la del cambio social, y condujo posteriormente a

la realización de comparaciones entre sociedades a partir de los tipos de desigualdad,

grados de rigideces sociales, y bases económicas, políticas e institucionales que la

sustentaban.



Estas comparaciones abrieron camino a las tipologías socioeconómicas para diferenciar

países desarrollados de subdesarrollados, y para imbricar aspectos de la tradición del

pensamiento intervencionista de las teorías del desarrollo con la tradición analítica y

clasificatoria de las teorías sobre la sociedad. Esta imbricación no supuso que cada una

de estas tradiciones asumiera a plenitud las consecuencias teóricas y prácticas de los

planteamientos de la otra.



La pobreza, que también se inscribe en una larga tradición de pensamiento teológico,

filosófico y político, se constituye en tema privilegiado de análisis y propuesta en las

teorías del desarrollo, a fines de los años sesentas e inicios de los setentas, cuando se

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A inicios de la década de los setentas, ALC aún se encontraba en una etapa de

crecimiento sostenido, la cual alcanzó una tasa promedio de 5.5 entre 1950 y 1975. La

pobreza se explicaba, en parte, como efecto del subempleo en las zonas rurales, debido

al atraso tecnológico de los sistemas de producción, a la carencia de infraestructura social

y física y a la desigual distribución de la tierra; y en parte, como resultado del desempleo y

subempleo urbanos, producto de las migraciones del interior de los países y del lento

desarrollo del sector industrial como generador de empleo.



Esta visión permitía definir la pobreza, en función de los criterios de crecimiento

económico como el resultado de la no integración de ciertos sectores fácilmente

localizables -campesinos y pobladores de barrios marginales- en el sector moderno. Para

combatirla se proponía un conjunto de medidas supuestamente precisas: reforma agraria,

entendida casi exclusivamente como reparto de tierras; generación de empleos, pero sin

planteamientos para transformar el aparato productivo y potenciar el mercado interno; y

educación, asumida casi como sinónimo de alfabetización, pero sin precisar contenidos y

desarrollo de habilidades.



A pesar de que estas medidas superaban las derivadas de la exclusiva atención al

crecimiento del PIB y al capital físico, quedaban aún prisioneras de los planteamientos

que concebían al crecimiento económico como el objetivo del desarrollo.



La debilidad de la sociedad civil y de las organizaciones gremiales de empresarios y

trabajadores, aunada a razones ideopolíticas, condujo a que el estado asumiera una

función central para formular la estrategia de desarrollo, planificar las metas y recursos y

en algunos casos intervenir directamente en la economía.



Sin embargo, existían marcos institucionales y organizaciones representativas que

posibilitaban arreglos y el manejo de conflictos.



El estilo urbano industrial de desarrollo era el modelo para todos los países de la región, y

aún no había sido cuestionado seriamente -como en la actualidad- por sus efectos

negativos para la naturaleza y el medio ambiente, y por el despilfarro de energía y

recursos naturales.

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d) En la actual etapa de la economía mundial y del sistema político internacional, la

competitividad descansa en la capacitación del capital humano, en el desarrollo de

capacidades y en el combate contra la desigualdad y la pobreza (Banco Mundial 1991;

Sen 1983,1988,1992; Vuskovic 1990).



Sea cual sea el punto de partida (evaluación, balance o perspectiva), la equidad no es

una dádiva, ni sólo un mandato imperativo de justicia (que lo es y hay que recalcarlo en

estos tiempos de fáciles relativismos), sino un requisito indispensable para lograr el

crecimiento y el desarrollo competitivo y sostenible, en la actual fase de globalización de

la economía, la política y la cultura.



En la actual etapa, la noción de equidad permite ligar los objetivos del desarrollo (atención

de los derechos, condiciones y capacidades de los sujetos) y del crecimiento económico

(productividad, competitividad y eficiencia) con las formas, normatividades y

responsabilidades políticas y sociales (democracia y respeto a las diferencias) para

llevarlos a cabo.



En otras palabras, hoy equidad es simultáneamente una noción ética, política y práctica,

que resume aspiraciones de las personas y las sociedades, sintetiza resultados y fracasos

de los modelos anteriores, y recoge los retos de la nueva situación económica y política

mundial.






interpretación, sesgos y errores son de entera responsabilidad del autor.

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