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rOlling sTOne, juliO de 2010 55

Poder
crudo

primero hay que invocar a los angeles:
Rafael, Gabriel, Ismael... Después sacarse
los zapatos, correr al jardín que está en el
fondo y tomarse de las manos. Pisar la tierra,
ensuciarse los pies, repetir por fonética frases
en hebreo. Descansar y volver al living para
sentarse en círculo alrededor del altar con
plantas, velas y flores blancas; cerrar los ojos,
meditar con un mantra. Por fin, escuchar los
pasos que se acercan, sentir la mano que se
apoya sobre la frente y esa voz suave, casi
susurrada: “Wake up the kundalini”.

El que habla es Gabriel Cousens, un gurú estadouniden-
se considerado la máxima autoridad internacional en el te-
rreno de la “comida viva”. Tiene el pelo canoso, una túnica
blanca, la mirada como dormida y el paso lento. Entre la
gente que lo acompaña, hay una discípula que no se separa
de él. Ni siquiera ahora, cuando Cousens apaga las luces
y dice que, para iniciarse en esta filosofía cuya premisa es
preservar la energía de los alimentos sin cocinarlos, hay que
pasar por todo esto. El “Shabbat chamánico”.

La historia empieza con los rollos del Mar Muerto que
se descubrieron en 1945 e hicieron furor entre los
naturistas varios años después. Ahí se nombraba a
los esenios, una comunidad hebrea del siglo II a.C.

que llevaba una vida ascética entre las montañas y no
comía nada que hubiera pasado por el fuego. Tomándo-
los de modelo, la base de la dieta difundida por Gabriel
Cousens desde su fundación Tree of Life lleva los con-
ceptos del veganismo a un extremo. Si la regla principal

Un ex jugador de fútbol
americano se convirtió en el
gurú global de la “comida

viva”, la contracultura
místico-alimentaria

que promete la salvación
evitando la carne y el fuego

por violeta gorodischer
ilustracion de claudio roncoli

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del vegano es no comer ningún derivado animal
(ni carne, ni lácteos, ni huevos, ni miel) los segui-
dores de la comida viva eliminan también las hari-
nas y los alimentos cocidos o refinados. Además,
subrayan que la base son las semillas: “biochips”
con toda la información de la naturaleza. A eso se
suman brotes, vegetales crudos, frutas, alimentos
fermentados, cosas deshidratadas. Los esenios de-
cían también que para cada día del año hay un ángel
que nos guía. Por eso Cousens armó este Shabbat,
híbrido entre la tradición hebrea y los rituales de

los nativos norteamericanos, para invocarlos
con rezos, cantos y meditaciones. Cuando se
prenden las luces, el gurú dice que ahora hay
que mantener la nueva energía interna con

alimentos que tengan vida. “Ensaladas, masas
deshidratadas, leche de almendras, quesos de semi-
llas”, enumera la discípula, anticipando la cena.

En el fondo del living, una chica de vestido blan-
co, rulos castaños y ojazos celestes, sonríe en silen-
cio. Acomoda sobre una bandeja el pan deshidratado
y lo hace circular. La consigna es lavarse las manos y
dárselo en la boca al de al lado. El sabor es salado, y
se pega un poco al paladar. La chica, que ofrece agua
sin dejar de sonreír, se presenta como Gae. Ella es la
representante de la rama argentina de la corriente,
con la organización Germinando Vida.

gae arlia tenia 25 años cuando dejo la casa pa-
terna y salió a viajar por el mundo con su novio. En
pleno “momento de búsqueda”, cambió su alimenta-
ción y dejó la carne. Empezó a meditar. Se replanteó
cosas. Cuando dejó atrás el norte argentino y llegó
a Bolivia, ya estaba sola. En el camino, habló con un
grupo de personas que iba a un
encuentro espiritual en Brasil y
quiso seguirlos. Se sumó a la ca-
ravana de veinte y así conoció a
una pareja que hacía un proceso
llamado “vivir de luz” en una co-
munidad de Minas Gerais. Gae
aceptó atravesarlo. Veintiún
días sin hablar con nadie, sin
ninguna actividad, sin ingerir
alimentos. Apenas un cuarto
despojado para pasar la noche.
Lo más difícil fue atravesar la
primera semana, en la que no
podía tomar ni siquiera agua. Gae vivió las secuelas
de la limpieza física (dolores, manchas, sarpullidos)
y aprendió a quedarse durante horas en la misma
posición. Cuando llegó la segunda semana, le indi-
caron que debía tomar un litro y medio de agua por
día: era el momento de la limpieza emocional. Según
relata, ella ya no tenía hambre. Se la pasaba senta-

da contra un árbol y esperaba las meditaciones del
atardecer. Vio gente que lloraba, que gritaba, que
se tiraba al suelo. Vio a muchos de sus compañeros
de viaje que no aguantaron y terminaron yéndose.
Nunca dijo nada. Llegó así a la tercera semana, la
de la limpieza mental. El objetivo: minimizar los
pensamientos. Cuando despertó, el día 21, por
un momento sintió que flotaba.

Despidió a la pareja de guías con abrazos y vol-
vió al pueblo con seis kilos menos y una sensibilidad
extrema. Todo la aturdía y le daba ganas de llorar.
Se volvió más selectiva con los alimentos y los fue
incorporando de a poco; priorizó las frutas y las ver-
duras, sintió que ya no la alimentaba sólo la materia.
Cinco meses más tarde, escuchó sobre la comida
viva: su llegada a Brasil estaba predestinada.

Así llegó hasta la fundación Oswaldo Cruz para
interiorizarse en esta corriente que respaldaban tan-
tos médicos naturistas. Estudió la carrera de reedu-
cadora nutricional y conoció al dueño de Oficina
da Semente, el primer restaurante raw food [comida
cruda] de Río. Trabajó con él, aprendió recetas, se
metió en un Centro de Salud y Longevidad, atendió
pacientes, les enseñó a comer de este modo.

Corría el año 2006 cuando Gae, embarazada de
siete meses, volvió a Argentina para tener a su hijo y
fundar Germinando. Hoy, esta organización nuclea
a todos los que quieran iniciarse en la comida viva y
organiza ayunos físico-espirituales. Durante el día
hacen yoga y tai chi chuan. Para el que quiera, tam-
bién hay limpiezas hepáticas o colónicas. Además,
una vez por mes, celebran cenas de confraterniza-
ción gratuitas y abiertas a la comunidad. Lo hacen
porque es un camino duro, porque la gente no en-
tiende, porque se sienten solos. En una de las últimas
cenas, una de las alumnas ofreció su ph y armaron
una comilona de pizzas con masa deshidratada y
quesos de semillas, ensaladas con lechuga, sésamo
y girasol, patés, panqueques de mermeladas vivas.
Hubo guitarreada, cantos y poesía. Antes de des-
pedirse, Gae los sorprendió con la noticia: la dis-
cípula del maestro Cousens la había contactado.
El gurú estaba por venir a Argentina.

abierto en 1993, tree of life es un centro ho-
lístico ubicado en el estado de Arizona, Estados

Unidos. Ahí es donde la gente
viaja a espiritualizarse, limpiarse
y curarse con la guía de Cousens.
Celebrities como Woody Ha-
rrelson propagan sus bondades
desde la página web de la fun-
dación (treeoflife.nu). “Siempre
voy a estar agradecido al doctor
Cousens”, dice el protagonista de
Asesinos por naturaleza mientras
mastica una ensalada de brotes
verdes. Porque el gurú lo recibió
con los brazos abiertos, entre
las rojas montañas de Arizona,

y Harrelson recibió el mensaje: nos enfermamos
porque perdimos nuestro ritmo santo. “Hay que
amarse a uno mismo y al planeta para querer cu-
rarse”, le dijo Cousens.

La premisa de Tree of Life es la misma para todos:
cuando uno cocina, pierde el 50% de las proteínas,
el 80% de las vitaminas y minerales y casi el 95%

Los seguidores dicen
que esta dieta puede

curar la diabetes.
Los detractores, que
los llevará más cerca

de la diarrea que
del nirvana.

Poder crudo

El banquete
del arcángel

Gabriel Cousens
(arriba a la
izquierda, con
sombrero) trajo
su “Shabbat
chamánico” a
Buenos Aires. El
ritual consiste en
una especie de
despertar místico
y una degustación
crudívora.
También estuvo en
la Feria del Libro.

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Poder crudo
de los filonutrientes. Si comemos “comida chatarra”
genéticamente modificada y con herbicidas, baja
nuestro nivel de conciencia, ensuciamos el cuerpo.
Una alimentación viva, en cambio, crea una mente
y un cuerpo activos y saludables.

Cousens y sus seguidores aseguran que este tipo
de alimentación puede curar la diabetes. El plan de
veintiún días es estricto. Los primeros tres de co-
mida cruda, después siete días de ayuno y, quien
se anime, puede seguir siete más, sólo con jugos
(de pepino, apio, espinaca, acelga). Es la “dieta del

arco iris verde”. Cousens dice que abrió este
centro porque las personas necesitaban una
comunidad que pudiera enseñarles a comer de

tal forma que pudieran volverse “conductores
de lo divino”. Pero también tuvo detractores. En su
libro Health Food Junkies, los nutricionistas Steven
Bratman y David Knight hablan de la comida viva
como un “extremismo alimenticio” característico
de la ortorexia: la obsesión por la alimentación sa-
ludable. “Es un desorden que ya está por reempla-
zar a la anorexia”, aseguran. “La preocupación por
los alimentos y la preparación de la comida domi-
nan la vida de quienes siguen esta tendencia.” En
el foro de la página vegsource.com, un opositor hizo
circular una especie de manifiesto en el que con-
taba que, siguiendo la dieta de Cousens, no había
tenido más que problemas. Dolores de estómago,
constipación, debilidad. Sin un ingreso paulatino,
dicen los nutricionistas, los efectos pueden ser de-
vastadores: el estómago no tiene
enzimas para digerir la fibra de
tantas verduras crudas y por
eso aparecen retortijones in-
tensos, constipación o diarrea.
Como el cuerpo tampoco está
acostumbrado a absorber tan-
tos nutrientes nuevos y se libe-
ran muchas toxinas, aparecen el
cansancio y la debilidad. Entre
los mitos a desterrar, el forista
decía: “Recuerden que la comida
viva nunca los llevará cerca de
Dios, el nirvana o como quieran
llamarlo”. A pesar de la repercusión del manifiesto
y el libro, en Tree of Life nadie acusó recibo.

Hasta ahora, Cousens lleva creadas seis funda-
ciones e incluso trasladó estos programas a Nicara-
gua, donde su plan es fundar otra comunidad para el
mundo hispánico. Y Argentina es escala necesaria
en su proceso de expansión. Las vacantes para los
talleres y conferencias de su primera visita colap-
saron. Más allá de la moda Palermo Green, Buenos
Aires cosecha filosofías, militancias y seudorreli-
giones en el terreno de la alimentación. Aunque en
Capital no existen censos alimenticios, es fácil ras-
trear las agrupaciones que nuclean a macrobióticos,
vegetarianos, orgánicos, veganos… Incluso están
los frugívoros y se habla también, casi mitológica-
mente, de los respiratorianos: un núcleo que ase-
gura vivir del aire. Todos rechazan la carne, todos
levantan banderas por un gurú, una política o una
suerte de premisa espiritual en torno de la comida.
Y uno de los puntos más extremos a los que el vege-
tarianismo puede llegar es la raw food. Hasta ahora,
más de cien personas pagaron mil pesos por el taller
semanal de “alimentación viva para la paz univer-

sal”, dictado por Cousens. Asistieron a seminarios
donde se enseñaron recetas, se degustaron platos
y se hicieron meditaciones. Muchos participaron
también en la celebración del último Shabbat y se
transformaron en seguidores del maestro.

La noche que Leo Mazzucchelli probó la comida
viva, supo que las cosas iban a ser diferentes. Aun-
que a sus 43 arrastraba veinte años de lactovegeta-
rianismo, nunca antes le había pasado algo así. Es-
cuchó el nombre Verde Llama casi por casualidad.
Un amigo le había hablado del primer restaurante
crudivorista de Argentina y así se metió, sin saber
muy bien de qué se trataba. Lo mismo que había
hecho durante la primavera alfonsinista, cuando
supo de los hare krishnas y el Maharishi y abandonó
el jazz y la carne, casi al mismo tiempo. Leo entró
en ese restaurante que hoy ya no existe y siguió las
recomendaciones de Diego Castro, el chef que trajo
esta corriente a Buenos Aires en 2005. De entrada,
licuado de almendras, algarroba, algas, espirulina. El
sabor amargo y el olor a pescado se diluyeron en el
azúcar sin refinar; las almendras le dejaron un resa-
bio dulzón. Siguió con un sándwich de pan deshi-
dratado con verduras, brotes y quesos de semillas.
Para el postre, trufas de cacao puro.

Esa noche habló con Diego hasta la madrugada.
Le pidió que le diera cursos de cocina y se llevó
prestados varios libros. De todos, el que más le
gustó fue Rainbow Green Live-Food Cuisine, de
un tal Gabriel Cousens. Siguiendo sus consejos,

Leo radicalizó el vegetarianismo:
dejó las harinas, los lácteos y las
verduras cocidas, se contactó
con proveedores orgánicos para
conseguir alimentos sin pestici-
das ni fertilizantes, armó listas
de semillas que podían traerle
quienes viajaran afuera. También
empezó a hacer ayunos de agua
y jugos verdes con cada cambio
de estación y quiso difundir esta
corriente en las meditaciones
con cuencos que dictaba con su
mujer. Todo parecía fluir hasta

que la pareja rompió y él se instaló en una quinta
en Pilar. La separación lo había golpeado y pensó
que un viaje para ver personalmente al gurú que
hasta entonces sólo conocía por mail podía ser un
consuelo: tal vez Tree of Life fuera un buen refu-
gio. Estaba en medio de los preparativos, cuando
se enteró de que el maestro estaba por llegar al país.
Se ofreció a ser su asistente.

Durante los días previos al Shabbat, convivió
con el maestro y la discípula. Pasaban todo el día
juntos. Tocó y probó “súper alimentos” que acá
no existen: hierbas chinas “inmortalistas” por sus
antioxidantes, hongos medicinales como el reishi,
extractos de granada, sales marinas de color rosa.
No podía creer que Cousens estuviera siempre
impecable, detenido en el tiempo como un monje
shaolín. Leo trató de encontrarle una arista, pero
el hombre estaba exactamente igual al levantarse
que al ir a dormir. La misma calma taciturna, la piel
tersa pese a superar los 60, la misma media sonrisa
antes de cada rezo. No era fascinación de novato:
él ya había asistido a gurúes como Fabien Maman
(el francés pionero de la sanación

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Vegetarianos En sus dietas no
incluyen carne de ningún tipo, por
razones éticas, ecológicas, espirituales
o de salud. Se subdividen en: ovo-lacto-
vegetarianos, ovo-vegetarianos y lacto-
vegetarianos. Una de las agrupaciones
militantes más conocidas de Buenos
Aires es La Revolución de la Cuchara
(larevoluciondelacuchara.org).

Locavores El movimiento nació en San
Francisco para promover el consumo
de alimentos cuyo origen estuviera en
un radio no superior a los 160 km. ¿El
objetivo? Combatir las emisiones de
carbono a la atmósfera. Tienen que ser
alimentos orgánicos: sin pesticidas,
herbicidas ni fertilizantes. En Buenos
Aires, la Mutual Sentimiento creó El
Galpón, un lugar que reúne a productores
agroecológicos independientes:
mutualsentimiento.org.ar.

Veganos Promueven un vegetarianismo
estricto, llevado a una filosofía de vida
que implica el no consumo de animales ni
como alimentación, ni como vestimenta,
ni como divertimento, ni como objetos de
experimentación. No consumen huevos,
ni lácteos, ni miel, ni gelatina ni carnes.
Activismo de acción directa: la gente de
Acción Vegan informa cara a cara en el
Parque Centenario. accion-vegan.com.ar.

Crudívoros Extreman el vegetarianismo
comiendo únicamente verduras crudas
y eliminando todo aquello que haya
sido cocido o refinado. Dos restaurantes
urbanos incluyen raw food: Bio
(Humboldt 2199) y Buenos Aires Verde
(Gorriti 5657). Germinando Vida es el
referente local obligado.

Macrobióticos Se basan en la medicina
oriental, que tiene en cuenta la parte
energética de los alimentos según el yin
y el yang. Se alejan de los extremos yin
(como azúcar) y yang (como carne) y
siguen un esquema general que aconseja
comer un 50% de cereales con fibra, y el
resto armarlo con verduras cocidas, algas,
legumbres, pescados, frutas y productos
orientales. Un restaurante que a la vez
funciona como “escuela” es La Casa de
Ohsawa: lacasadeohsawa.com.ar.

Frugívoros Se alimentan únicamente
sobre la base de frutas. Hay muy pocos
referentes urbanos y los nutricionistas
aseguran que seguir esta dieta puede ser
perjudicial para la salud.

mapa de las contraculturas
alimentarias

[Cont. en pág. 136]

El discípulo quedó
fascinado: Cousens

puso cristales
de taquión en la

heladera para que
la frecuencia de la
comida no variara.

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