Download Quimica en El Siglo XXI Angel o Demonio v.talanquer 21031 PDF

TitleQuimica en El Siglo XXI Angel o Demonio v.talanquer 21031
TagsChemistry Biology Alchemy Foods
File Size262.1 KB
Total Pages5
Document Text Contents
Page 1

La química
en el siglo XXI

¿Ángel o demonio?

Vicente Talanquer

PARA MUCHAS PERSONAS LO "QUÍMICO" ES SINÓNIMO DE CONTAMINANTE,

DAÑINO O PERJUDICIAL


ANTES DE COMENZAR debo hacer una confesión: yo con la química llevo una relación
pasional, una de esas relaciones que oscilan entre el amor y el odio. La quiero porque me ha
enseñado a maravillarme con los secretos de la transformación de las sustancias, pero la
detesto cuando me habla en clave, cuando me llena la memoria de símbolos y fórmulas. Me la
comería a besos cada vez que me sorprende con la síntesis de un nuevo material y me fascina
su persistencia por develar la identidad de las cosas, pero me saca de quicio su obsesión por
los detalles y me atormentan las catástrofes que se producen cuando alguien abusa de ella o la
trata de manera poco cuidadosa.



Sentimientos contradictorios

Creo que a la mayoría de la gente también la inundan sentimientos contradictorios cuando
escucha las palabras química o producto químico. Por una parte, ya sea de manera consciente
o inconsciente, los productos de la química nos encantan. Por ejemplo, todos saltaríamos de
gusto y de emoción si mañana nos anunciaran que ya se sintetizó un fármaco para curar el
cáncer o que se desarrolló un medicamento que controla definitivamente el desarrollo del virus
que provoca el sida. ¿Quién se atrevería a negar que la síntesis de antibióticos, analgésicos,
tranquilizantes, y hasta del famoso Viagra, nos ha cambiado la vida? También es cierto que
millones de personas se benefician cada día con el incremento en la producción de alimentos
debido al uso de fertilizantes y plaguicidas desarrollados por los químicos. ¿Y qué decir de los
plásticos, los colorantes, las pinturas, los cosméticos, los aditivos alimenticios, las cerámicas?
A ver, ¿quién sería la o el valiente que estaría dispuesto a deshacerse de toda la ropa que esté
fabricada con alguna fibra sintética o que ha sido sujeta a algún proceso químico? "Desde
mañana, nada de poliéster, nailon, rayón o acrilán; nada de pantalones de mezclilla ni otras
prendas coloridas de lana, seda o algodón". Sin embargo, también es cierto que el adjetivo
"químico" o "química" nos asusta; para muchas personas es sinónimo de contaminante, dañino
o perjudicial. Es también sinónimo de artificial, y hoy en día lo artificial está bastante
desacreditado frente a lo natural. ¿Qué prefieres, una camiseta de poliéster o una de algodón?
¿Qué te tomas, un vaso con jugo de naranja o una Coca Cola? De alguna manera lo químico
se asocia con lo artificial y lo tóxico, como si las sustancias naturales no fueran sustancias
químicas y como si todo lo natural fuera inofensivo.

javascript:void(0)

Page 2

Entre la realidad y la ignorancia

Los odios y terrores hacia lo que suena a química surgen principalmente de dos fuentes, sólo
una de las cuales me parece justificada. Por un lado, hay que reconocer que durante muchos
años la industria química mundial ha desarrollado su labor sin preocuparse demasiado por el
impacto ecológico de sus actividades. En algunos casos se han privilegiado las ganancias
económicas sobre la salud de la población vecina a una planta química; a veces se ha ocultado
información sobre la posible toxicidad de un producto o sobre sus efectos secundarios.
También ha sucedido que la prisa por poner a la venta un nuevo producto impida que se
realicen todas las pruebas necesarias para determinar en qué condiciones es apropiado hacer
uso de la sustancia. Sea como sea, cuando se trata de sustancias químicas las consecuencias
del abuso, la negligencia y la avaricia son siempre desastrosas.




Pero tampoco puede negarse que parte del miedo nace de la ignorancia. De la falta de una
"cultura química" de la población en general que le ayude a evaluar las ventajas y las
desventajas de usar tal o cual producto químico, que le permita distinguir razonadamente lo
dañino de lo inofensivo y reconocer los alcances y las limitaciones del trabajo de los químicos.
También es cierto que si todos reconociéramos la importancia de tener conocimientos básicos
de química, estaríamos mejor preparados para impedir las acciones de aquellos que quieran
abusar de los productos de la química o defendernos de ellas.

La imagen pública de la química


Preocupados por esta situación, en la que la química se nos presenta como un ángel o como
un demonio, y en la que la visión satánica lleva la ventaja, los profesionales de la química en
todo el mundo —investigadores, maestros, técnicos, industriales— han desarrollado en los
últimos años un gran esfuerzo por mejorar la imagen pública de esta ciencia. Así, se han
realizado múltiples congresos, seminarios y pláticas informales para discutir el tema; en las
escuelas se han modificado los programas de química para hacerlos más atractivos y hacer
evidente la importancia de los productos y fenómenos químicos en la vida cotidiana; también se
ha buscado comprometer a las grandes industrias químicas en la protección del ambiente.

Como parte importante de estas acciones, a finales de 1998 se inició la "Celebración
Internacional de la Química": una gran fiesta mundial con un año de duración (de
noviembre de 1998 a noviembre de 1999), en la que se realizaron cientos de eventos y
actividades en todo el mundo con el fin de motivar el interés de la gente por esta ciencia, así
como establecer y fortalecer los vínculos y la comunicación entre todas las personas
interesadas en la química alrededor del mundo.

Page 3

En esta celebración participaron diversas organizaciones de más de 115 países, las cuales
hicieron un esfuerzo extraordinario por hacer patentes las contribuciones de la química a la
sociedad. En nuestro país, por ejemplo, la UNAM organizó dos eventos, la "Expo-Química
2000" y el "Tianguis de la Química", en los que los asistentes pudieron mancharse las manos
realizando experimentos, participar en seminarios y conferencias, y acercarse a platicar con los
científicos y los industriales expertos en esta disciplina. En otros lugares se publicaron libros y
revistas especiales, se emitieron estampillas postales conmemorativas, se realizaron concursos
populares sobre química y se rindió homenaje a muchos científicos cuyas contribuciones
fueron fundamentales para el desarrollo de esta ciencia.



El pasado y el futuro de la química

Una éxito importante de la Celebración Internacional de la Química es que motivó la reflexión
colectiva sobre el pasado, el presente y el futuro de la química. En este ya casi fin de milenio,
la química es una ciencia muy distinta de las prácticas de los alquimistas de los siglos XV y XVI
y seguramente tendrá poco que ver con lo que harán los químicos dentro de trescientos años.
Sin embargo, de lo que los químicos hacemos ahora y de la manera en la que la sociedad
evalúe y se comprometa con nuestras acciones sin duda dependerá lo que suceda con esta
ciencia en el futuro.

Por alguna extraña razón, hay químicos a quienes les molesta hablar del pasado; lo consideran
demasiado tormentoso y oscuro. A mí, la verdad, me fascina. Los químicos somos herederos
de una tradición milenaria empeñada en develar el secreto de la transformación de las
sustancias. Nuestros antepasados, los alquimistas, persiguieron por más de dos mil años el
sueño de convertir el plomo en oro, pero no para hacerse ricos, sino para transformarse a si
mismos, transformar al mundo y al Universo entero. Su empeño, aunque haya quien lo niegue,
no fue infructuoso pues dio lugar al nacimiento de la química como ciencia.

La química moderna se consolidó a lo largo del siglo XIX y se benefició enormemente con el
desarrollo de la teoría atómica a principios del siglo XX, de manera que alrededor de 1925
alcanzó su madurez y nos transformó para siempre el mundo. Sólo para dar una idea de cómo
han cambiado las cosas en estos últimos doscientos años, baste decir que a principios de 1800
los químicos conocían, si acaso, unas 300 sustancias distintas y hoy se cuentan ya cerca de
¡19 millones! Además, en los últimos cincuenta años este número ha venido duplicándose en
promedio cada trece años, de manera que si continúa esta tendencia para el año 2050
llegaremos a 300 millones de compuestos químicos diferentes y a 5 000 millones para el 2100.
Basta con suponer que una pequeñísima fracción de estas sustancias tendrá alguna utilidad
práctica para imaginar la diversidad de nuevos medicamentos y materiales que tendremos a la
mano.

Similer Documents