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TitleSAN JOSE El más santo de los santos
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                            Al día siguiente, el enfermo murió en la paz del Señor, habiendo tenido una buena muerte.
Primer dolor y gozo
Segundo dolor y gozo
Tercer dolor y gozo
Cuarto dolor y gozo
Quinto dolor y gozo
Sexto dolor y gozo
Séptimo dolor y gozo
Acordaos
Consagración a san José
                        
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sé para qué los dejamos ir, que era mi padre san José y no lo han de
hallar”. Y así fue que volvieron diciendo que no habían podido hallar
rastro de él, aunque habían llegado a la hondura de donde sonó la voz45.

El padre Jerónimo Gracián, confesor de santa Teresa de Jesús, cuenta
el caso de un religioso del monasterio de Nuestra Señora de Montserrat,
que era muy devoto de san José. Un día, salió a dar un paseo solitario por
aquellas montañas y se alejó más de lo normal, extraviándose, perdiendo el
camino y desorientándose completamente. Sin saber por dónde ir, se
encomendó a san José. Al poco rato, se encontró con un desconocido que
conducía a una señora montada sobre una burrita y llevando en sus brazos
un pequeño niño. Después de los saludos previos, les preguntó por dónde
debía tomar el camino para llegar al monasterio, a lo que respondió el
desconocido:

- Si quiere usted seguirnos, yo se lo enseñaré, porque difícilmente
usted lo hallaría, sobre todo, viniéndose encima la noche. No tema,
pues conozco bien estos senderos.

Caminaron largo tiempo, hablando de las cosas de Dios, de modo que
el corazón del religioso se sentía inflamado de amor de los bienes eternos.
Por fin, llegaron a un lugar que el monje conocía. Entonces, los
desconocidos se despidieron y el religioso, al darse la vuelta, no los vio
más, pues habían desaparecido. Reflexionando sobre este suceso, cayó en
la cuenta de que no podían ser otros que san José con la Virgen y el niño,
que habían venido a sacarlo del apuro y conducirlo seguro al monasterio46.

San Juan de la cruz tenía mucha devoción a san José. El sello que
usaba en los documentos, representaba el Monte Carmelo coronado por
una cruz y con la inscripción: San José. Así aparece en el autógrafo que
conservan las religiosas carmelitas descalzas de Sanlúcar la Mayor de
Sevilla. Pero esta devoción no la tuvo desde siempre. Hay un hecho en su
vida que hizo de él un gran devoto de san José.

Era san Juan de la cruz confesor de las carmelitas descalzas, mientras
era Superior del convento de Los Mártires de Granada. Un día, no pudo
bajar a confesarlas y encomienda el oficio al padre Pedro de la

45 Sor Ana de Jesús, en procesos para la beatificación y canonización de santa
Teresa de Jesús, editados por el padre Silverio de santa Teresa, tomo 1, Ed. Monte
Carmelo, Burgos, 1935, p. 463.

46 Resumen del ejemplo presentado por Butiñá Francisco, Las glorias de san José,
o.c., pp. 573-574.

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Encarnación y al padre Evangelista... Al entrar los dos descalzos por la
Plaza Nueva, se les hace el encontradizo un hombre. Es de buen talle, tez
blanca y sonrosada y tiene el cabello cano. Aparenta unos cincuenta años
de edad. Viste traje negro y es de aspecto venerable. Se acerca a los
descalzos, los separa y colocándose en medio de ellos, les pregunta de
dónde vienen.

- De las monjas descalzas, contesta el padre Pedro.

- Muy bien hacen vuestras reverencias de atenderlas, porque en esta
Religión se agrada mucho a Nuestro Señor y la estima Su Majestad
en mucho, e irá en aumento. Padres, ¿por qué tienen en su Orden
tanta devoción a san José?

- Porque nuestra santa Madre Teresa de Jesús le era muy devota, pues
le había ayudado mucho en sus fundaciones y le había alcanzado del
Señor muchas cosas; y, por esta causa, las casas que ha fundado las
ha intitulado de San José, dice el padre Pedro.

- Mírenme vuestras reverencias a la cara y tengan mucha devoción a
este santo, que no le pedirán cosa que no la alcancen de él.

Los descalzos no lo ven más (había desaparecido). Cuando llegan al
convento de “Los Mártires”, cuentan al Prior lo que les ha pasado. Fray
Juan de la cruz no muestra extrañeza alguna y les dice:

- Callen, que no le conocieron; sepan que era san José; habíanse de
arrodillar al santo. Y no se les apareció por vosotros, sino por mí,
que no le era tan devoto como debía, pero lo seré de aquí en
adelante47.

El año 1847, unas hermanas de la Congregación de san José de la
Aparición, fundadas por santa Emilia de Vialar, estaban viajando desde
Francia a Birmania. Como en aquella época no existía todavía el canal de
Suez, tuvieron que desembarcar en Alejandría e ir a Suez por el camino del
desierto. Dice una de las protagonistas, la hermana Cipriana: La ruta se
hacía en pésimos carruajes conducidos por los árabes. Nuestras seis
hermanas eran todas jóvenes y sin experiencia de los viajes; es más,
llevaban veinte mil francos en sus bolsas para los gastos de la ruta, la que

47 Crisógono de Jesús, Vida de san Juan de la cruz, BAC, Madrid, 1982, p. 258.
Este relato lo escribió de su puño y letra el padre Juan Evangelista, que dice al
terminar: Esto sucedió el año de 1584 y por verdad lo firmo en nuestro convento
de los Santos Mártires de Granada el 25 de abril de 1627. Este relato se encuentra
en el manuscrito 7003 folio 158.

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