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Page 222

M I C H A EL S CHM AUS

de su vida. Ni el sosiego, ni la seguridad de la vida común familiar
pueden condicionar la obra de Cristo. Lo único que decide es el
mandato del Padre. Por El, Jesús se separará de sus padres, por
ahora sólo un par de días, los cuales, sin embargo, proyectan ya
sus sombras sobre la despedida futura y la separación definitiva.
María no comprende a su Hijo. No es capaz de entender lo que El
quiere decirla con todo esto. Jesús vive de un mundo que sólo El
conoce por experiencia, y que todavía no ha sido abierto a su
Madre.

Para desvirtuar la dureza de la prueba no es lícito invocar que
María tuvo conciencia del mensaje del ángel, del nacimiento virginal
y de la profecía de Simeón. ¿No son estos acontecimientos preci­
samente los que hacen que la conducta de su Hijo resulte más ex­
traña todavía? Tampoco cabe decir que María, como lo demuestra
su cántico en casa de su prima Isabel, estuviera tan penetrada de su
misión que ninguna prueba pudiera arrebatarle la conciencia de
ella. Tal vez se pueda comparar su vida con la de los profetas, que
unas veces son sublimados por encima de todas las cumbres huma­
nas poseyendo una fuerza capaz de desquiciar la historia, al paso
que otras veces quedan reducidos a la impotencia, y, en el desfalle­
cimiento y en las tinieblas, expuestos a los riesgos y temporales de
la existencia. Ninguna luz de los resplandores de la Anunciación
y de la visita a Isabel iluminó el alma de María en los tres días
que buscó a su Hijo.

Por otra parte, estos acontecimientos demuestran precisamente
que la grandeza de María no está determinada, en primer lugar,
por la medida de su comprensión, sino por la de su amor. En el
amor afrontó la hora. Por más que su espíritu era incapaz de pe­
netrar la conducta y las palabras de su Hijo, sin embargo, cuanto
vivió lo recogió en su Corazón, conservándolo allí como un tesoro
precioso. En su Corazón retuvo el oscuro misterio de Dios.

Lo mismo cabe decir del suceso de Caná y del incidente narrado
por San Marcos en 3, 20-25. Sobre esto queda ya dicho lo más
importante.

Cuanto María experimentó por causa de su Hijo la maduró
para la hora más difícil que Dios la envió, para la hora de la muerte
de su Hijo. ¿Qué quedaba allí ya de la promesa del ángel? ¿No
parecía como que todo se venía abajo? En lugar de la soberanía
prometida y del reino en perspectiva había condenación y ejecución.
¿Cómo permitía Dios que su Hijo se viese en ese tormento y pos­
tración? Aun en esta hora, la fe de María permaneció inconmovible

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L A V IR GE N M A R I A

e inquebrantable. La entereza de su amor y de su entrega a la vo­
luntad del Padre, que siempre tenía preparadas para Ella nuevas
sorpresas, había conseguido tal consistencia que hasta pudo abrazar
la Cruz con fe viva.

Los Evangelios sinópticos nada nos dicen de que María, durante
la semana de Pasión, estuviera en Jerusalén. Sólo hablan de “muchas
mujeres que le miraban de lejos” (Mt. 27, 55 sig.). Pero, según San
Juan (19, 26), al pie de la Cruz estaban María y Juan. María acom­
pañó al cortejo desde la ciudad hasta el monte en el que se había
levantado la Cruz. A última hora se colocó al pie de ésta y levantó
la vista hacia su Hijo crucificado. Allí, de labios de su Hijo, oyó
por última vez la palabra de Dios, que conservó en su Corazón.
Ahora le era dado comprender las palabras proféticas de Simeón
acerca de la espada. Pero aún tuvo que escuchar la consumación
de las escrituras paleotestamentarias cuando oyó que desde la Cruz
se pronunciaba un verso del salmo 21: Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has desamparado? Por su fe en el Hijo está preparada para
escuchar de sus labios la palabra “mujer” con que una vez más
parece alejarse de Ella y a sufrir que no sea ya Hijo suyo, sino
que en lo sucesivo esté suplantado por otro: Juan. El que hasta
ahora era Hijo suyo está como Redentor,y Mediador del mundo
en la cima de la creación, sólo ante la justicia de Dios. Pero precisa­
mente porque acoge en la fe la voluntad de Dios en una disponi­
bilidad incuestionable, absoluta, sin indecisiones ni vacilaciones,
le está más próxima que pueda estarse jamás por la más íntima
unión corporal. Al pie de la Cruz fué discípula de su Hijo en el
grado supremo. Entonces podía aplicársele la alabanza que Cristo
reserva al creyente. Como lo hemos visto ya, Cristo, cuando dijo:
Bienaventurados más bien los que oyen la palabra de Dios y la si­
guen, recogió y desarrolló las palabras de una mujer que ensalzó a
María por su maternidad. La Madre ha de ser proclamada bien­
aventurada porque es de aquellos que oyen la palabra de Dios y la
cumplen en la fe. Esta proclamación alcanzó para María su vali­
dez máxima al pie de la Cruz *.

9. Los Padres celebran la fe de María con extraordinaria fre­
cuencia. Sobre este punto, en el capítulo relativo a la Maternidad,
fueron citados numerosos textos, comenzando por San Ireneo. En
concreto, tanto a los Padres como a los teólogos medievales es

* C fr. N o tas com plem entarias. N o ta 3.a : S o b re la fe d e María , pági­
nas 402-413.

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INDICE

Págs.

§ 4. M aría , lá M a d re v ir g in a l d e J e s u c r is t o .................................. .,......... 126
I . E l se n tid o de la c o n cep c ió n v irg in a l ................................................ 127

II . E l h e c h o de la v irg in id a d d e M a ría ................................................. 128

§ 5. L a el ec c ió n div in a d e M aría .............................................................................. 161

§ 6 . L a in m u n id a d d e M aría d e l peca d o o r ig in a l y s u sa n tid a d . . . 194

§ 7. L a A su n c ió n C o r po ra l d e M aría al c ie l o .................. .......................... 230

§ 8 . M aría y la Ig l e s i a ........................ ................................................................... . . . 255

■ 9 C o n tr ib u c ió n d e M aría a la R e d e n c ió n ........................... ................... 293

P la n te a m ie n to d e l p ro b le m a ............... ............................................................... 293
E l h e c h o de la c o o p e ra c ió n d e M a ría a la o b ra re d e n to ra de

Je su c ris to ........... ....................................... ............................................................ 294
S en tid o de p a r tic ip a c ió n d e M a ría en la R e d en c ió n ......................... 300

§ 10. M aría , m ed ia n er a d e t o d a s l a s g racia s ................... .......................... 339

N o ta s c r ític a s y c o m pl em en t a r ia s a l t e x t o d e l a u t o r ............................. 397
N o ta 1. S o b re la e v o lu c ió n d e l d o g m a ...................................................... 397
N o ta 2. S o b re el co n o c im ie n to d e M a ría d e l m is te r io d e la

E n c a rn a c ió n ................................................ ............................................... . . . . 398
N o ta 3. L a fe d e M a ría y su c o n o c im ie n to d e l m iste rio d e l H ijo . 402
N o ta 4 . S o b re e l v o to d e v irg in id a d d e M a ría .................................. 414
N o ta 5. S o b re lo s p r in c ip io s m ario ló g ico s ............................................... 417
N o ta 6. S o b re la c o r re d e n c ió n M a ria n a ..................................................... 418

B ib l io g r a f ía .................................................................................................................................. 421
In d ic e d e a u t o r e s ...................................... ......................................................................... 437
In d ic e d e m a t e r ia s ................................................................................................................... 443

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BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO ACTUAL

DIRIGIDA POR RAFAEL CALVO SERER

1. R om ano G u a r d in i: El mesianismo en el mito, la revelación y la po­
lítica. (Segunda edición.) Prólogo de A l v a r o d ’O r s 'y nota prelimi­
nar de R a f a e l C a lv o S e r e r .

2. T h e o d o r H a e c k e r : La joroba de Kierkegaard. (Segunda edición.) Con
un estudio preliminar de R a m ó n R o q u e r y nota biográfica sobre
Haecker de R ic h a r d S e e w a ld .

3. V ic e n te P a l a c io A t á r d : Derrota, agotamiento, decadencia en la Es­
paña del siglo XVI I . (Segunda edición aumentada.)

4. R a f a e l C a lv o S e r e r : España, sin problema. (Tercera edición.) Premio
Nacional de Literatura 1949.

5. F ed e r ic o Su á r e z : La crisis política del Antiguo Régimen en España
(1800-1840). (Segunda edición aumentada.)

6. E ttenne G il s o n : E l realismo metódico. (T e rc e ra ed ic ió n .) E s tu d io
preliminar de L e o p o ld o E u lo g io P a la c io s .

7. J o r g e V ig ó n : El espíritu militar español. Réplica a A lfredo de Vigny.
(Segunda edición.) Premio Nacional de Literatura 1950.

8. J o s é M aría G arcía E s c u d e r o : D e Cánovas a la República. (S eg u n d a
edición aumentada.)

9 . Ju a n J o s é L ó p e z -Ibor : El español y su complejo de inferioridad. (S ex ta
edición.)

10. L eo p o l d o E u lo g io P a l a c io s : El mito de la nueva Cristiandad. (T e r ­
cera edición.)

11. R o m án P e r p iñ á : D e estructura económica y economía hispana. E s tu ­
d io fin a l d e E n riq u e F u e n t e s Q u in ta n a .

12. J o s é M a r í a V a l v e r d e : Estudios sobre la palabra poética. (S egunda
ed ic ió n .)

13. Carl S c h m i t t : Interpretación europea de Donoso Cortés. (Segunda
edición.) Prólogo de A n g e l L ó p ez-A m o .

TEOLOGÍA V III.— 2 0

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